No importa donde te pares.
No importa que les hagas señas como el pelado catorce.
No importa que te acuerdes de su madre. O de su hermana. O de su mujer.
No importa cuanto corras. Ni cuanto grites. Ni que desperdicies en un intento fallido el mejor gargajo de tu vida.
Los colectiveros son así, les encanta hacerse los boludos y dejarte de a pié.
Son como minitas histéricas. Nunca hay parada que les venga bien.
viernes, 16 de enero de 2009
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